Poesia

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Los Pasos de Dicha – Amado Nervo

Muchas veces, en los breves intervalos en que se apacigua tu tráfago interior, te acontece oír unos pasos: unos pasos furtivos a lo largo de tu puerta.

Como los de un amante que ronda la casa de la amada.

Son los pasos de la Dicha.

Son los pasos de una dicha modesta, tímida, discreta, que desearía entrar.

Hay muchas dichas así.

Son como novicias temerosas.

Son como corzas, como graciosas corzas blancas. Todo las amedrenta.

Si escuchas estos pasos, abre inmediatamente tu puerta de par en par.

Abre también tu rostro con la más acogedora de tus sonrisas… y aguarda.

Verás cómo entonces los pasos tímidos se acercan; verás cómo la pequeña dicha entra con los ojos bajos, ruborosa, sonriente, y te perfuma la casa y te encanta un día de la vida, y se va… mas para volver.

Desgraciadamente, muy a menudo, tus descontentos, tus quejas, tus deseos y aun alguna alegría efímera y soflamera, hacen tanto ruido, que la corza blanca se asusta y los leves pasos se alejan para siempre jamás.

El Tesoro del Declamador- Libro de Poesias

El Tesoro del Declamador fue el  libro favorito d mi niñez, este libro lo encontré en el librero de mi Papá y desde que lo descubrí no lo volví a dejar.

Entre mis poemas favoritos se encuentran:

  •  Mamá, soy Paquito – Salvador Díaz Mirón.

Cubierto de jiras,
al ábrego hirsutas
al par que las mechas
crecidas y rubias,
el pobre chiquillo
se postra en la tumba,
y en voz de sollozos
revienta y murmura:
«Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.

«¡Qué bien que me acuerdo!
La tarde de lluvia;
las velas grandotas
que olían a curas;
y tú en aquel catre
tan tiesa, tan muda,
tan fría, tan seria,
y así tan rechula!
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.

«Buscando comida,
revuelvo basura.
Si pido limosna,
la gente me insulta,
me agarra la oreja,
me dice granuja,
y escapo con miedo
de que haya denuncia.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.

«Los otros muchachos
se ríen, se burlan,
se meten conmigo,
y a poco me acusan
de pleito al gendarme
que viene a la bulla;
y todo, porque ando
con tiras y sucias.
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.

«Me acuesto en rincones
solito y a obscuras.
De noche, ya sabes,
los ruidos me asustan.
Los perros divisan
espantos y aúllan.
Las ratas me muerden,
las piedras me punzan…
Mamá, soy Paquito;
no haré travesuras».

Y un cielo impasible
despliega su curva.

«Papá no me quiere.
Está donde juzga
y riñe a los hombres
que tienen la culpa.
Si voy a buscarlo,

  • Yo soy ardiente, yo soy morena – Gustavo Adolfo Bécquer

-Yo soy ardiente, yo soy morena,

yo soy el símbolo de la pasión;
de ansia de goces mi alma está llena;
¿a mí me buscas? -No es a ti, no.

-Mi frente es pálida; mis trenzas, de oro;
puedo brindarte dichas sin fin;
yo de ternura guardo un tesoro;
¿a mí me llamas? -No, no es a ti.

-Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible;
no puedo amarte. -¡Oh, ven; ven tú!

  • Cobardía – Amado Nervo

Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza!
¡Qué rubios cabellos de trigo garzul!
¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza
de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul…!

Pasó con su madre. Volvió la cabeza:
¡me clavó muy hondo su mirada azul!

Quedé como en éxtasis… Con febril premura,
«¡Síguela!», gritaron cuerpo y alma al par.

…Pero tuve miedo de amar con locura,
de abrir mis heridas, que suelen sangrar,
¡y no obstante toda mi sed de ternura,
cerrando los ojos, la dejé pasar!

  • Ojos Verdes – Salvador Díaz Mirón

Ojos que nunca me veis,
por recelo o por decoro,
ojos de esmeralda y oro,
fuerza es que me contempléis;
quiero que me consoléis
hermosos ojos que adoro;
¡estoy triste y os imploro
puesta en tierra la rodilla!
¡Piedad para el que se humilla,
ojos de esmeralda y oro!

Ojos en que reverbera
la estrella crepuscular,
ojos verdes como el mar,
como el mar por la ribera,
ojos de lumbre hechicera
que ignoráis lo que es llorar,
¡glorificad mi penar!
¡No me desoléis así!
¡Tened compasión de mí!
¡Ojos verdes como el mar!

Ojos cuyo amor anhelo
porque alegra cuanto alcanza,
ojos color de esperanza,
con lejanías de cielo:
ojos que a través del velo
radian bienaventuranza,
mi alma a vosotros se lanza
en alas de la embriaguez,
miradme una sola vez,
ojos color de esperanza.

Cese ya vuestro desvío,
ojos que me dais congojas;
ojos con aspecto de hojas
empapadas de rocío.
Húmedo esplendor de río
que por esquivo me enojas.
Luz que la del sol sonrojas
y cuyos toques son besos,
derrámate en mí por esos
ojos con aspecto de hojas.

  • En paz – Amado Nervo

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, Vida,

porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales coseché siempre rosas.

Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
mas no me prometiste tan sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas…

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!

El Tesoro del Declamador / Tesoro de Poemas

Autores: Editores Mexicanos Unidos, S.A.

Publicado: 1960

ElTesoroDel Declamador

Poema a mis Dragones por Lorenia Valera – Poetisa

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Amantes dragones de mundos sutiles. Sutiles los trazos, sutiles las manos. Sutil el alma que los dibuja, etéreo el pincel que imprime el amor que se derrama por sus ojos. Son reales. Los puedes encontrar cuando caminas entre las estrellas, o en el alba cuando te encuentras con la luna y el sol. Cuando caminas con el alma, entre nubes, entre estrellas entre tú y yo.

Lorenia Valera


Dragons lovers subtle worlds. Subtle strokes, subtle hands. Subtle that draws the soul, ethereal brush printing love spilling from her eyes. Are real. You can find them when you walk among the stars, or in the morning when you meet with the moon and the sun. When you walk with the soul, between clouds between stars between you and me.

Lorenia Valera – Translation by A.P.

Sor Juana Inés de la Cruz

SorJuana
Retrato de Sor Juana Inés de la Cruz,
Miguel Cabreraca. 1750.
Nombre de nacimiento Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana
Nacimiento 12 de noviembre de 1651
San Miguel Nepantla(Nueva España)
Fallecimiento 17 de abril de 1695 (43 años)
México (Nueva España)
Nacionalidad Novohispana
Ocupación Religiosa de la Orden de San Jerónimo (Monja Jerónima)
Años activa Siglo de Oro
Género Dramática, poesía
Movimientos Barroco
Firma  Firma SorJuana

Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, más conocida como sor Juana Inés de la Cruz (San Miguel Nepantla12 de noviembre de 1651 – México17 de abril de 1695) fue una religiosa de la Orden de San Jerónimo y escritora novohispana, exponente del Siglo de Oro de la literatura en español. Cultivó la lírica, el auto sacramental y el teatro, así como la prosa. Por la importancia de su obra, recibió los sobrenombres de «el Fénix de América», «la Décima Musa» o «la Décima Musa mexicana».

A muy temprana edad aprendió a leer y a escribir. Perteneció a la corte de Antonio de Toledo y Salazar, marqués de Mancera y 25.º virrey novohispano. En1667, por vocación religiosa y anhelo de conocimiento, ingresó a la vida monástica. Sus más importantes mecenas fueron los virreyes De Mancera, el arzobispo virrey Payo Enríquez de Rivera y los marqueses de la Laguna, virreyes también de la Nueva España, quienes publicaron los dos primeros tomos de sus obras en la España peninsular. Murió a causa de una epidemia el 17 de abril de 1695.

Sor Juana Inés de la Cruz ocupó, junto a Juan Ruiz de Alarcón y a Carlos de Sigüenza y Góngora, un destacado lugar en la literatura novohispana. En el campo de la lírica, su trabajo se adscribe a los lineamientos del barroco español en su etapa tardía. La producción lírica de Sor Juana, que supone la mitad de su obra, es un crisol donde convergen la cultura de una Nueva España en apogeo, el culteranismo de Góngora y la obra conceptista de Quevedo y Calderón.

La obra dramática de Sor Juana va de lo religioso a lo profano. Sus obras más destacables en este género son Amor es más laberintoLos empeños de una casa y una serie de autos sacramentales concebidos para representarse en la corte.


A portrait of Juana at age 15 in 1666, when she first entered the viceregal court.

SorjuanaJoven
Born Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana
12 November 1651
San Miguel Nepantla,
New SpainSpanish Empire
Died 17 April 1695 (aged 43)
Mexico City, New Spain,
Spanish Empire
Occupation Nun, poet, writer
Nationality Mexican
Literary movement Baroque
Relatives Pedro Manuel de Asbaje and Isabel Ramírez (parents)
Signature Firma SorJuana

Sister (SpanishSorJuana Inés de la Cruz, O.S.H. (English: Joan Agnes of the Cross) (12 November 1651 – 17 April 1695), was a self-taught scholar and poetof the Baroque school, and Hieronymite nun of New Spain, known in her lifetime as “The Tenth Muse.” Although she lived in a colonial era when Mexico was part of the Spanish Empire, she is considered today both a Mexican writer and a contributor to the Spanish Golden Age, and she stands at the beginning of the history of Mexican literature in the Spanish language.

Información tomada de Wikipedia


Hombres Necios (Español)
Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis:

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco
y luego le tiene miedo.

Queréis, con presunción necia,
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
el mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,
quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión, ninguna gana:
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel
y a otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata, ofende,
y la que es fácil, enfada?

Más, entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada:
la que cae de rogada
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

You Men (English)
Silly, you men-so very adept
at wrongly faulting womankind,
not seeing you’re alone to blame
for faults you plant in woman’s mind.

After you’ve won by urgent plea
the right to tarnish her good name,
you still expect her to behave—
you, that coaxed her into shame.

You batter her resistance down
and then, all righteousness, proclaim
that feminine frivolity,
not your persistence, is to blame.

When it comes to bravely posturing,
your witlessness must take the prize:
you’re the child that makes a bogeyman,
and then recoils in fear and cries.

Presumptuous beyond belief,
you’d have the woman you pursue
be Thais when you’re courting her,
Lucretia once she falls to you.

For plain default of common sense,
could any action be so queer
as oneself to cloud the mirror,
then complain that it’s not clear?

Whether you’re favored or disdained,
nothing can leave you satisfied.
You whimper if you’re turned away,
you sneer if you’ve been gratified.

With you, no woman can hope to score;
whichever way, she’s bound to lose;
spurning you, she’s ungrateful—
succumbing, you call her lewd.

Your folly is always the same:
you apply a single rule
to the one you accuse of looseness
and the one you brand as cruel.

What happy mean could there be
for the woman who catches your eye,
if, unresponsive, she offends,
yet whose complaisance you decry?

Still, whether it’s torment or anger—
and both ways you’ve yourselves to blame—
God bless the woman who won’t have you,
no matter how loud you complain.

It’s your persistent entreaties
that change her from timid to bold.
Having made her thereby naughty,
you would have her good as gold.

So where does the greater guilt lie
for a passion that should not be:
with the man who pleads out of baseness
or the woman debased by his plea?

Or which is more to be blamed—
though both will have cause for chagrin:
the woman who sins for money
or the man who pays money to sin?

So why are you men all so stunned
at the thought you’re all guilty alike?
Either like them for what you’ve made them
or make of them what you can like.

If you’d give up pursuing them,
you’d discover, without a doubt,
you’ve a stronger case to make
against those who seek you out.

I well know what powerful arms
you wield in pressing for evil:
your arrogance is allied
with the world, the flesh, and the devil!